CUIDADO CON EL EFECTO PIGMALIÓN

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El famoso efecto Pigmalión que ahora está hasta en un anuncio de televisión… ¿Qué propone?

De origen el efecto Pigmalión propone que si actúas conforme a una realidad posible, esta tendrá más posibilidades de ocurrir. En educación se ha enmarcado dentro de la influencia de los referentes en su comportamiento y posibilidades de reproducir la “profecía” que se le señala des fuera a un niño o a una niña.

Lo “romántico” del uso de este título es que podemos hacer que los niños y las personas en general se superen y alcancen mejores cotas de crecimiento y superación y mayor número de logros solo con decirles que lo van a lograr, igualmente, se alerta del “lado oscuro” puesto que si se les dice que van a fallar la influencia ejercida favorecerá dicho fallo y una construcción sobre creencias limitantes más que potenciadoras.

Más allá de los nombres técnicos y el barniz de “profesionalidad” que su uso aportan, el efecto Pigmalión no es una ley sino una tendencia y lo que os quiero traer hoy a esta página es la consciencia de nuestro poder de influencia, especialmente en los más pequeños y con menos posibilidades de protegerse rente a nuestra egoísta influencia.

El efecto Pigmalión habla sobre cómo al decirle a alguien que es “malo” en algo, favorecemos que lo sea y viceversa pero dime… ¿Nunca te has revelado en contra de lo que te decían y te has superado para hacer “falsa” la afirmación que te han lanzado? y… ¿Nunca has sentido como tu rendimiento bajaba a causa de la presión que te suponía tener que hacer bueno aquellos comentario positivos que te vertían y el miedo a no corresponder a toda esa confianza depositada en ti?

No es difícil que tu respuesta a alguna de las dos preguntas sea que sí y es que el efecto Pigmalión, como decía, no es ley puesto que habla de una causa efecto que no siempre se da y, aunque resultaría maravilloso que alguien nos diera para con nuestros pequeños una clave del tipo “si haces esto, ocurrirá esto otro” lo cierto es que no es así.

Es cierto que en la mayoría de los casos, cuando los referentes desde los que viene un mensaje son aceptados como positivos por la persona receptora, cuando hay “buena onda” y estos mensajes son de apoyo y crecimiento, favorecen un tipo de actitudes que resultan más efectivas, igual que lo es que cuando desde estos referentes bien valorados por el receptor el mensaje es negativo o de incredulidd, las actitudes que se favorecen son incluso limitantes, pero también es cierto que el factor positivo, negativo no es el único.

A menudo encontramos ejemplos en los que la motivación está en demostrar una equivocación acerca de nuestras capacidades, tanto a alguien referente bien valorado como a otros referentes con valoraciones negativas, igualmente, no es menos cierto que hay casos en los que el apoyo positivo se ha tornado en una presión orientada a dar credibilidad y sustento a dichas afirmaciones que también han resultado limitantes. Se me vienen a la cabeza por un lado el caso de Shane Williams (VIDEO: https://www.youtube.com/watch?t=58&v=z4MpaUdd2Ec) y por otro, el mio propio que teniendo el apoyo incondicional de mis padres y el mensaje continuo de “ser muy bueno en todo”, ante el primer fracaso y sentimiento de vergüenza, mi actitud se tornó “evitadora” y a pesar de considerarme más que capaz para muchas cosas, las eludía y/o las hacía marcando un bajo rendimiento que no favoreciera unas expectativas cada vez mayores que no sabría cumplir.

Y entonces… ¿Dónde te puedes centrar?

Siendo conscientes de la influencia que tenemos en los demás y especialmente en los más pequeños, en tus hijos e hijas si los tienes, te animo a que profundices en las 3 siguientes propuestas:

  • Antes de hacer nada… ESCUCHA. Escucha lo que dice y lo que no dice, escucha con los oídos, con los ojos y con el corazón… La clave del crecimiento de alguien es apoyarle a conseguir lo que necesita y muchas veces nos dedicamos a adivinarlo por nuestra propia experiencia sin considerar que podemos, y a menudo lo hacemos, equivocarnos puesto que cada persona es un mundo.

No le podrás dar a tu hijo, ni a nadie, lo que necesita si no escuchas lo que dice y lo que no dice.

  • Somos animales emocionales y el pensamiento convierte las emociones en pensamientos. Por ejemplo, ante un reto, el miedo activa el organismo y lo prepara para él sin embargo, el pensamiento puede enfocar esta predisposición a la huida, a la exageración del reto, etc., o puede enfocarlo a los recursos disponibles, la estrategia y el logro, transformando el miedo en impotencia y pánico ante la amenaza en el primer caso, o en excitación, voluntad y superación frente al reto en el segundo.

El mensaje que le des formará parte de su actitud pero no se trata de crear una visión propia o distorsionada, sino de ACOMPAÑAR sus emociones y apoyar a GESTIONAR la orientación que se les da.

  • Las etiquetas que pones a tus hijos en formato “eres…” no son saludables ni aunque sean aparentemente positivas puesto que se genera una identificación entre, “quien soy” (identidad) y si no hago esto no soy yo, y qué se aprecia o se desprecia de mí, generando una idea de “si no soy esto, no me aprobarán, no me querrán”.

Mi propuesta es que le hables de lo que hace, no de quien es (que es algo que por otra parte él o ella tendrá que descubrir, no necesita que tú se lo digas ni que le digas algo que luego no encajará), que valores su intención, su actitud, sus conductas responsables y que le enseñes a reconocer sus logros personales y a agradecer sus objetivos externos alcanzados.

La mayoría de nosotros apenas sabemos quienes somos más allá de nuestra circunstancia y de nuestras etiquetas (“soy ingeniero, padre, jefe, marido… ah! y soy gracioso, un poco pesado, algo complaciente…”) ¿No crees que es mejor no inocular el virus de “soy mis etiquetas” y dejar que cada cual descubra quien es? NO HALAGUES NI CASTIGUES A TUS HIJOS E HIJAS COMO LO QUE SON, APOYA O CUESTIONA SUS CONDUCTAS.

Creo que con estas tres simples propuestas, sabrás encontrar las estrategias mejores para apoyar el potencial de tu hijo más allá de atractivas y simples pero traicioneras fórmulas, como las que se pueden derivar del mal interpretado “efecto Pigmalión”. ESCUCHA, ACOMPAÑA Y APOYA A LA PERSONA SIN VALORARLA Y ETIQUETARLA, para luego analizar y valorar las conductas desarrolladas y reforzarlas o buscar otras más efectivas según se considere.

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