Ser feliz en la tristeza, el enfado o el miedo


emociones¿Se puede ser feliz con una pérdida, ante una agresión o rodeado de amenazas? A menudo relacionamos felicidad con un estado emocional de alegría y aunque sí creo que tienen su relación en tanto en cuanto a mayor felicidad más facilidad para vivir momentos de alegría, no creo que haya una correlación exacta ni una relación de causalidad.

Las emociones, incluidas las “desagradables” (en muchas ocasiones llamadas, desde mi punto de vista de forma errónea, negativas), están ahí para hablarnos sobre nosotros, sobre cuál es mi percepción sobre mi y el medio, sobre cuáles son los límites que necesito poner, sobre mis necesidades en general y fluir con ellas y con la información que nos dan, no solo es parte de la felicidad, sino que dan color a nuestras vidas y permiten crear los más bellos cuadros vitales.

Las emociones son inteligencia en estado puro, sin pulir, pero al igual que no solo hay que tener un ferrari para ir rápido y disfrutar, sino que también hay que saber llevarlo, necesitamos aprender a relacionarnos y gestionar nuestras emociones.

La felicidad es un término abstracto lleno de matices que, en función de la persona y el momento en el que le invitemos a alguien a compartir su pensamiento y sentimiento sobre dicho termino, puede variar sustancialmente. En mi opinión la felicidad es el resultado de tener nuestras necesidades satisfechas, es lo que suelo llamar la “satisfacción vital” y que acostumbramos a exacerbar en los momentos en los que sentimos que todas esas necesidades se satisfacen a la vez en una sensación de plenitud casi eufórica y momentánea (bien porque hay necesidades que no estaban presentes y que aparecen tras la bajada de la euforia, bien porque la satisfacción es momentánea)… ¿Cómo alcanzamos esa satisfacción vital entonces?, pues aquí te dejo algunas propuestas generales y fundamentales:

  • Escucha tus emociones, ellas te hablan de tus necesidades; de tu necesidad de afecto, de seguridad, de poder-independencia y de tu necesidad de coherencia. A menudo mis clientes me preguntan cómo controlar sus emociones cuando las emociones ni son controlables ni creo que deban serlo, sería como contratar un informador-asesor para luego decirle lo que te tiene que decir. La clave de las emociones no es controlarlas sino gestionarlas, gestionar quien manda (el informador o tú), gestionar la respuesta a dicha información, gestionar tu actitud ante dicha información, etc. Inteligencia Emocional es tender puentes entre la emoción y la razón, no imponer una a la otra.
  • Acepta lo que observas: No hay mejor tú que tú ahora mismo. Tener un ideal está bien para poner una dirección y sentido a tu camino pero para usarlo de espejo, ver todo lo que no encaja y anclarte en el “no debería” ser así, no, eso no hace más que mantenerte en él ni ser así, ni acercarte. La aceptación de quien eres (o mejor, donde estás ahora) no cambia quien eres (o donde estás), ni para mejor ni para peor pero te permite marcar el camino pues si no sabes dónde estás, difícilmente podrás saber hacia dónde ir.
  • Soluciona tus problemas para cubrir esas necesidades, resuelve tus conflictos entre necesidades distintas: Busca la forma de salir de los bucles y de los bloqueos de pensamiento (medita, habla y comparte, contrata a un profesional y/o simplemente actúa, sal de “la parálisis del análisis” aún asumiendo riesgo). Las dificultades que solemos tener a la hora de resolver un problema son básicamente 4: No saber que tengo el problema; no querer solucionar el problema; no saber solucionarlo y finalmente; sabiendo que lo tengo, queriendo hacerlo y sabiendo hacerlo, simplemente no hacerlo. Ante la primera opción poco se puede hacer salvo detectar las consecuencias o pistas de que hay un problema (queja constante, culpabilizar a otros de tu situación, sensación de soledad, o cualquier otra cosa que te mantenga en un estado de incomodidad). Ante la falta de voluntad (la cualidad del querer, pues viene del latín “volo/velle” que significa querer), es decir, si sopesados los pros y contras del cambio, desde la honestidad contigo, no quieres cambiar, simplemente asume tu responsabilidad en tu situación y, por ejemplo, deja de quejarte y/o ser una víctima, o si lo haces, asume las consecuencias de lo que la queja continua puede traerte. Decidido que sí quieres cambiar, si no sabes, simplemente aprende y/o pide ayuda sabiendo que quizá no te la den y tendrás que seguir aprendiendo o buscar otra alternativa… Y llegados a este punto ¿por qué no lo haces?… A menudo emociones que no hemos escuchado o quizá aspectos de nuestro inconsciente no nos ponen a la acción y así, esperar el momento perfecto (que seguramente no se dará), demorarlo de una fecha a otra o simplemente no comprometerte con una fecha y un plan no son más que formas en las que se manifiesta un miedo enorme al fracaso, o al éxito, una falta de confianza en ti, una espera a un estado de mayor energía para afrontar el reto por estar bajita/o, etc… y si este es tu caso te sugiero que, antes de nada, revises si de verdad quieres y después, que pienses una cosa… “puedes cambiar cuando quieras, no hay reglas al respecto, pero cuanto más lo demores, más sentirás el conflicto en ti, más daño te harás, más bajito/a de energía estés, mayor será la energía motivadora que necesites para arrancar y más daño te hará el conflicto que crece dentro de ti.
  • Comparte: Somos seres sociales, interdependientes y conectados, compartir con los demás es un ejercicio de coherencia con esa condición. Comparte en el sentido más amplio de la palabra, comparte quien eres, lo que tienes y dejar que te den puesto que compartir es una acción que implica a más de una persona, implica tanto dar como recibir en un “algo más” por el que no hablamos de negociar o mercadear o transaccionar. No solo estamos rodeados de cosas aisladas, estamos rodeados de cosas que interactúan, que están en sinergia y, para cualquier otro, tu formas parte ese entorno y, en mi opinión, si miras con atención, tú formas parte de ese todo… quizá no seas la célula del tumor cancerígeno pero… ¿Qué tipo de célula quieres ser?

Haciendo esto, sentirás que la pena ante una pérdida es el resultado de la necesidad del cuerpo y mente de adaptarse a una nueva realidad, extrayendo lo mejor y lo aprendido de lo que pierdes y estarás satisfecha… y feliz en tu tristeza, serás coherente y sin autoreproches cuando algo falte… y estarás satisfecha de lo vivido, asumirás tu imperfección en los hechos, aceptarás los logros y los errores y sabrás que tu intención es la mejor… y estarás satisfecha/o, aprenderás que el enfado es la respuesta a la injusticia, a la pérdida de libertad o autonomía, y sabrás que te da energía pare defender lo que consideras tuyo… y estarás satisfecha integrando ese conocimiento y haciendo por ti y por ti en el todo, y serás feliz… y estarás satisfecha de que el miedo se presente para cuidarte, como una madre, a veces excesivamente protectora, que se presenta como un informador y que te da la herramienta para buscar tu seguridad… y estarás satisfecha/o de haber escuchado, filtrado y mejorado… y serás feliz.

Y como de nuevo me he enrollado un poco, aquí me quedo hoy.

Muchas gracias por tu tiempo e interés.

Cuenta conmigo para cualquier aclaración o apoyo que necesites.

Un abrazo enorme.

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