¿Inteligencia Emocional? Si yo estoy bien…


Decía Eric Berne (psiquiatra y padre del análisis transacional) que visualizaba a sus pacientes como si estuvieran en una especie de urna de cristal y enterrados hasta el cuello en mierda liquida, su sorpresa con el paso del tiempo era que, encontraba como actitud común que dichos pacientes no llegaban con la idea de salir de esa mierda sino que su reclamo era el de “que no me hagan olas”.

Se habla mucho de la zona de confort o de cómo se cuece una rana sin que salte fuera de la olla1 pero quizá no siempre nos alcance interior y profundamente este mensaje. Lo cierto y verdad, al menos según mi punto de vista, es que en no pocas ocasiones resulta más fácil quejarse que hacer algo… y la cosa es que ¿por qué hacer nada si funciona? Claro que no funciona en un sentido directo y estricto, quejarse no soluciona nada, sin embargo, sí que nos supone una ventaja, o varias, tales como la de una cierta compasión ajena y con esta cierta atención, cariño e incluso permisividad, disponer de una excusa e incluso la tranquilidad de no tener que tomar riesgos… Siendo así, insisto ¿Por qué hacer algo?

Me es difícil hacer desde una entrada de blog una llamada a reconocer los valores propios y la congruencia que encontramos en las acciones que llevamos a cabo, como esa “tranquilidad” de no tener que arriesgarse o esa permisividad que provocamos pero que resta libertad a las personas que nos rodean, las manipulan en cierta manera para conseguir lo que necesitamos, que suponen malestar en nuestro entorno (familias, amigos, hijos, etc…. ese por el que nos llenamos la boca con todo lo que hacemos y haríamos por ellos) y/o que suponen una enseñanza ejemplar de cómo dejarse morir o hundirse en la vida o ante determinadas situaciones y que “es justamente lo que queremos para nuestros hijos, amigos, pareja, etc.”. Me es tan difícil que no voy a darle más pábulo que el que estas palabras le han dado ya, sin embargo, sí creo más sencillo otro enfoque también muy importante o quizá incluso más; tú eres la única persona responsable de tu felicidad.

Es cierto que a veces, las circunstancias externas resultan tan abrumadoras que no sabemos encontrar la forma de darnos esa felicidad, tan cierto como que no es nada fácil que dichas circunstancias se den en nuestro entorno geo-político-cultural. Normalmente, encontramos dificultades en la vida que perfectamente podemos enfrentar pero ante las que nuestra balanza interior se inclina por la conformidad, aunque no sea del todo placentera, en la que el miedo ante “la promesa de un futuro amenazante y difícil” es mucho mayor que la esperanza y el entusiasmo (no aplastado por el miedo) de “la promesa de un futuro satisfactorio y pleno”… y no será yo quien diga que eso está mal… Yo solo propongo “elije en conciencia, y luego sé coherente, no te quejes de tu elección”.

Cómo apoyo a esa consciencia de la elección, te añado una apreciación más… ¿Te has parado a pensar como incide en tu autoestima, y esta en el resto, dejarte vencer una y otra vez por el miedo? ¿y no parar de quejarte sin hacer nada?

A parte de las repercusiones en el entorno y la respuesta de este que puede llevarte en un plazo medio o largo a una sensación de soledad importante (amén del ejemplo que supones para quien quiera o tenga que aprender de ti), las repercusiones directas para ti son significativas. Piensa en un niño que nunca hace nada porque le da miedo… ¿como crees que evolucionará?… pues a ti, te causa el mismo efecto. La sensación de víctima creciente, la indefensión aprendida que te llevará a terminar creyendo que realmente no puedes hacer nada, la falta de confianza en ti y baja autoestima son efectos más o menos directos y que además se retroalimentan, puesto que merman energía y nos produce mayor inseguridad y miedo para la siguiente vez. Llevado a un plazo largo y si quieres a un extremo, pueden llegar a producir incluso problemas serios de depresión y lo que eso conlleva, pero eso no es todo, el aumento de estrés, de actitudes pasivo-agresivas que nos vuelven un poco ciclotímicos (o bipolares), de estados de tristeza y demás, tienen además un efecto físico en la salud como las ya famosas úlceras, el colon irritable, constipados continuos, infartos e incluso cada vez hay mas estudios que relacionan la infelicidad y/o la dificultad para aceptar nuestra propia vida, con la metabolización de los azúcares y el cancer.

A día de hoy se nos ha dicho todo lo que tenemos que hacer para estar saludables; hacer ejercicio, comer frutos rojos y ligero, eliminar los tóxicos resultantes de los procesos industriales, no beber, no fumar y un largo etc, lo que se les ha olvidado decirnos es que, la felicidad no solo alarga la vida, sino que mejora su calidad y eso, eso depende de ti y de si conduces tu vida o te conformas con donde te lleven.

Esto que aquí te planteo, no es más que inteligencia emocional. Se trabaja con tu inteligencia emocional y está al alcance de tu mano tanto aprender sus principios como trabajar con ella. El entendimiento profundo de esta base y de cómo hacerlo, es fundamental para que se convierta en realidad. Mi sugerencia: da el primer paso ya.

Y ahora, una cancioncilla que siempre me gusto, en gran medida por el vozarrón y como no, con una letra que quizá te recuerde alguna cosilla.

Un abrazo enorme.

1Si la metes en una ola donde pueda saltar y subes la temperatura de golpe, saltará fuera, pero si le subes solo un grado y la dejas en esa temperatura hasta que se acostumbre, luego otro, y otro y así sucesivamente, la rana de morirá cocida sin saber lo que ha pasado.

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