Se acabaron las navidades y… ?


A penas han pasado 15 días desde que se terminaron las fiestas y… ¿Cuantos propósitos has roto ya?

Quizá seas de las personas afortunadas que no han roto ninguno y que aún están a tope, sin embargo, lo habitual es que a estas alturas ya se hayan caído unos cuantos propósitos y es que, la forma en la que nos los planteamos normalmente, no ayuda demasiado.

A parte de la posibilidad de que te hayas propuesto demasiadas cosas, incluso algunas de ellas incompatibles, hoy te dejo algunas de las claves para alcanzar tus objetivos que seguramente no has seguido y que son parte de las claves para conseguirlo:

  1. Concreta tus objetivos:

    Con frecuencia, nos planteamos los propósitos como ojalá, un sueño, un ideal, y así lo manifestamos. “perder peso” por ejemplo… eso no es un objetivo, eso es, si acaso, un medio para llegar al objetivo que sería, por ejemplo, llegar a pesar 70 kilos, “perder peso” no compromete y queda como empezaba, como un sueño.

    Si a esta concreción le añades otras, poco a poco el deseo empezará a tomar forma de proyecto y así a acercarse a algo real, por ejemplo, quiero llegar a los 70 kilos antes del 31 de marzo.

    Si además, este proyecto, lo anclas a algo que te hace realmente ilusión y que puedes comprobar, como por ejemplo en este caso “me vuelvo a poner los pantalones negros que tanto me gustan”, mejor que mejor.

  2. No quieras ser quien no eres:

    A menudo, uno de los principales problemas con los que nos enfrentamos a la hora de conseguir un objetivo es que creemos que el mero hecho de plantearnos el objetivo nos convierte en una persona distinta, “mejor”, sin embargo, esto no es así.

    Toma consciencia de cuales son tus debilidades, como la necesidad de comer cuando estás triste o con ansiedad, la presión que sientes cuando sales por ahí para decir que no, lo imposible que es decir no al cocido de mamá, o cualquier otra cosa.

    Todas las dificultades que se te plantean en el día a día, seguirán estando ahí cuando te pongas con tu proyecto. A menudo, hacemos una llamada interna a nuestra “fuerza de voluntad” que, igualmente a menudo, resulta no ser tan fuerte… o quizá sí, solo que no has tenido en cuenta la “fuerza” de tus otras voluntades.

    Al igual que tienes tus debilidades, tienes tus fortalezas… ¡las tuyas!… por favor, deja de mirar las de los demás y pensar que tienes que tener las mismas, obsérvalas simplemente para saber cuales tienes tú y aplicarlas a tu favor. Quizá se te pase el hambre cuando estás haciendo cosas o quizá tengas una gran facilidad para la cocina dietética o quizá para la planificación, e incluso tengas una gran voluntad para tu proyecto (no me he equivocado, la voluntad es importante, pero por favor, deja de ponerle ese otro nombre “fuerza” por que así, cada vez que fallas, no eres fuerte, pero la voluntad por si misma, no se rompe con los fallos).

    En definitiva, antes de hacer nada, hazte un mapa de quien eres y del entorno que te rodea. ¿Donde están tus debilidades, donde tus fortalezas? ¿Cómo te ayudará el entorno, cómo te lo dificultará? ¿Tienes apoyos externos?

  3. No improvises, planifica:

    Dejar las cosas a la improvisación no es la mejor idea. Si bien la improvisación es un recurso de gran valor en muchas ocasiones, dejar un proyecto a expensas de esta suele ser un error.

    Planifica todo aquello que se te ocurra, se una persona minuciosa, cuanto mas detalle tenga tu planificación, mayores posibilidades de éxito tendrás. Días que tendrás que tener la comida preparada, momento en el que la prepararás, días que tendrás compromisos ineludibles y/o que supondrán excepciones en la alimentación, menús, compras necesarias, horarios de las compras, horarios para ejercicios, posibles ayudas, etc.

  4. Crea hábitos:

    Entiendo como hábito cualquier cosa que se hace de forma automática, aún cuando para arrancar el hábito haya que poner consciencia en él (como por ejemplo, conducir, que lo hacemos de forma automática, sin pensar que tengo que pisar el embrague o cambiar la marcha, pero para empezar tengo que elegir ir a conducir).

    Procura incluir en tu planificación rutinas que te ayuden a generar hábitos y así no tener que estar invirtiendo energía mental de forma constante. En ocasiones, romper un hábito actual es parte del proceso de cambio hacia nuestro objetivo, la experiencia y muchos estudios nos dicen que es más fácil sustituir un hábito que hacerlo desaparecer, así pues, si por ejemplo tienes como hábito comerte un bollo cuando llegas a casa, sustitúyelo por el hábito de beber un vaso de agua, unos minutos de relajación a través de la respiración y luego, cómete una zanahoria por ejemplo.

    Los hábitos, no solo te ayudarán a alcanzar tu objetivo, sino que una vez alcanzado te serán también de gran ayuda.

  5. Prepárate:

    “…para lo peor”… No te asustes, es solo una forma de hablar y por supuesto no quería dejarlo en negrita entero pero sí, prepárate.

    En un ejemplo como el que estoy siguiendo, es prácticamente seguro que haya momentos de hambre, de ansiedad, e incluso algún fallo para lo que te convendrá prepararte. Querer eludir la parte menos agradable de un cambio es a menudo eludir la realidad y claro, cuando la realidad se presenta, lejos de afrontarla, se enfrenta… y muchas veces, nos arroya.

    Volviendo a lo que decía antes sobre la “voluntad” y no “la fuerza de voluntad”, la voluntad de querer alcanzar tu objetivo, el hacer una cualidad de ese querer, de alguna forma debe incluir esos momentos difíciles… La voluntad de pasar ansiedad, querer pasarla.

  6. Recompénsate:

    Si puedes, ponte algunas “metas volantes” y cuando las alcances, háztelo saber.

    Cada persona sabe de que forma prefiere darse esos “reconocimientos” pero para que no haya dudas, ahí van algunas posibilidades; un heladito de yogur y frambuesa; ese libro que llevaba tiempo pensando en comprarme; un relajante y re-equilibrante masaje de reflexología podal; una noche de amigos, etc.

  7. Sé flexible:

    Si hay algo que he aprendido en mis años de trabajo es que, en un proyecto, no hay nada más previsible que los imprevistos.

    Por muy bien que se quiera planificar algo, siempre surgen imprevistos y, para esos casos, nada como la flexibilidad. Un plan se hace con la idea de ser seguido pero sobre todo, con la idea de que marque una dirección a seguir, cuando el plan no se puede seguir por el motivo que sea, la capacidad de adaptación, de flexibilizarse, de compensar y de replanificar, resulta fundamental.

Del buen hacer en los pasos anteriores, la consciencia que pongas en ellos y tu implicación, te resultará mucho más probable alcanzar tu objetivo.

Espero que este pequeño esquema te sirva en un futuro no muy lejano y recuerda, si aún así resulta algo difícil, no dudes en contar con mis servicios.

Un abrazo!

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