INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MATER-PATERNIDAD


¿Sabes que el 70% de la personalidad de un niño, tu hijo o sobrino por ejemplo, de conforma en sus 7 primeros años de vida? ¿y que la inteligencia emocional es el factor que más influencia tendrá en su futuro éxito vital y felicidad?

A estas alturas quien mas quien menos ha oído hablar de la inteligencia emocional, por suerte es algo cada vez más presente en nuestra sociedad y hay mucha gente trabajando ya en los colegios con todas las edades sin embargo ¿cual es su presencia entre los padres y el entorno natural de un niño? Ciertamente el colegio es un factor importante pero… ¿y en casa? ¿sabes que la inteligencia emocional de los padres condiciona el desarrollo del niño incluso desde el momento de la gestación? ¿o es que no has oído hablar de la influencia del estrés de la madre durante la gestación en el desarrollo del embrión y del bebé?

Prohibiciones y negaciones permanentes que acaban formando una idea de limitación permanente; etiquetas (aparentemente positivas, como; que guapo… o; que lista…, o negativas como; que torpe… o; que tonta…) que favorecen un nivel de exigencia exagerado o un fondo de sentimiento de inseguridad y limitan las opciones a valorar; reacciones emocionales contradictorias, distintas a la emoción dominante ante determinadas situaciones, como por ejemplo el padre o la madre que se le escapa el niño estando a punto de ser atropellado y lo primero que hace es darle un cachete o gritarle manifestando primeramente enfado cuando las emociones dominantes son el miedo por el suceso y la alegría de que no haya pasado nada; carencias afectivas, ausencia o exceso de refuerzos positivos o negativos, y otras muchas cosas condicionan la manera en la que el niño aprende y así, las aptitudes y creencias de las que el adulto ya formado dispondrá.

La forma natural de aprendizaje de un niño tiene dos mecanismos fundamentales, el juego, en el que se pone en práctica permanente el método “ensayo-error” y la imitación. Las neuronas espejo tienen como función principal esa imitación (como mero mecanismo de supervivencia para aprender y para adaptarnos) tomando un papel esencial en el aprendizaje de la persona ya desde sus primeros momentos de vida fuera del útero y va a imitar especialmente a sus principales referentes.

Un niño no “aprehende” lo que se le dice (eso lo recuerda), lo hace principalmente de lo que ve y, por supuesto de la coherencia entre ambas cosas. Cuando la información verbal y el comportamiento no son coherentes, la inclinación natural es la de valorar el comportamiento por encima de cualquier cosa, entre otras cosas porque el lenguaje es un sistema de comunicación complejo, basado en símbolos que interpretamos y muchas veces con un sentido abstracto intrínseco que la mente de un niño aún no comprende, por ejemplo, el concepto de bien y de mal un niño no es capaz de asumirlo, simplemente lo interpreta como lo que puede o le dejan hacer y lo que no, sin embargo, si no le dejamos hacer algo, como gritar por ejemplo, y ve en casa que se grita con frecuencia, o interpretará que está mal, sino que no puede hacerlo… y más allá, entenderá que no puede hacer dentro de un ámbito, pero viendo que es algo natural, puede dejar de hacerlo donde no se le permite, pero llevará esa conducta fuera de ese ámbito con facilidad y la convertirá en un hábito.

Y… ¿todo esto donde quiere llegar? Pues simplemente a generar conciencia sobre la importancia que en realidad tiene que los padres y madres tengan una inteligencia emocional trabajada, cuanto antes mejor, incluso, por supuesto, antes de ser madres y padres.

Se pueden hacer cursos de educación con Inteligencia Emocional y se puede introducir la inteligencia emocional en el colegio pero si los referentes, especialmente los familiares de primer orden, no tienen trabajada su inteligencia emocional, estará generando un entorno favorable a distorsiones y limitaciones importantes. Una inteligencia emocional trabajada, incorporará como hábito comportamientos que de forma natural nos saldrán y no tendremos que estar pendientes de qué es lo que debo hacer en cada momento (aunque siempre será necesario un seguimiento y valoraciones, claro).

Por supuesto, no quiero que nadie piense que va a encontrar la perfección en la educación de una persona, toda educación como todo sistema tiene sus fallos, además las personas no somos perfectas y cometemos errores, al final, a partir de la adolescencia, siempre surgirá un “error” o una limitación que la persona por si misma tendrá que asumir y superar, y seguramente esto es una parte fundamental en la formación de la persona, como la mariposa que ha de romper su capullo para estimular la capacidad de volar y si se lo abres artificialmente no llega a volar. Lo que quiero, es llamar a la conciencia de la importancia de trabajar la inteligencia emocional desde ya, especialmente para aquellas personas que seáis madres, padres, tutores, o en definitiva, referentes importantes de alguna personita en su etapa infantil. Recuerda que lo que más va a aprehender un niño o una niña de ti, es tu comportamiento y recuerda lo que decía Einstein: “el ejemplo no es la mejor forma de influir, es la única”… Ahora tú decides.

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