SENTIDOS


todo-tiene-su-tiempo¿En qué momento tiene tu vida sentido, en lo que es, en lo que será, o en lo que ha sido?

En realidad, posiblemente en todos, sin embargo, algunos aspectos de esto a menudo los tenemos bastante abandonados y además y sobre todo, aunque muy ligado e esto, quizá lo más importante no sea tanto el cuando en sí mismo sino el quién y cómo.

El ya bastante famoso cuento de los tres canteros (puedes pinchar este enlace para leer una versión) nos enfoca hacia la diferencia entre tener en mente el qué, el cómo o el para qué, como paradigma de felicidad, de actitud o de satisfacción vital, sin embargo y pese a lo útil y efectivo del recurso didáctico, adolece de un gran problema, un problema que está muy presente en nuestras vidas… ¿y si la catedral de Burgos finalmente no se hace o no se termina o se cae? ¿Cómo se sentirá cada uno si llega el maestro de obra y dice que se cancela la obra?… en definitiva, ¿en que momento del tiempo tiene o se materializa el sentido de ese para qué?

Por suerte o por desgracia quien más quien menos tiene su vida llena de muestras de que cuando el fin es un resultado en el entorno, fuera de uno/a, muchas veces no llega el objetivo deseado. Resulta bastante fácil llegar a la conclusión de que se dan siempre factores que en absoluto tienen que ver con nosotros y sobre los que no tenemos influencia directa, así que, con frecuencia sentimos la vida o parte de ella “perdida”, lo que ahora ya es pasado, lo que hicimos, deja de tener sentido porque el objetivo no se cumplió.

Como seres humanos tenemos necesidades que cubrir y, siendo la necesidad algo que se manifiesta en presente, nos dedicamos con demasiada frecuencia a buscar la satisfacción de esa necesidad en el futuro. De forma estricta, la necesidad y su satisfacción no pueden darse en el mismo momento temporal ya que la necesidad es carencia y la satisfacción es presencia, sin embargo, la proyección en el tiempo para satisfacer las necesidades es a menudo enorme, de forma que nos pasamos la vida corriendo, o a veces andando (alguno hasta mirando en la lejanía después de mucho correr o andar) detrás de lo que necesitamos, por otra parte, si hacemos las cosas “bien”, la necesidad no aparecerá porque estaremos directamente en la satisfacción de la misma.

Una acción que tiene su sentido exclusivo en el resultado que dé nos deja a expensas de la expectativa y de montones de elementos ajenos a nosotros de manera que cuando, por norma, no se produce el resultado deseado, nos solemos sentir frustrados, tristes y como si hubiéramos desperdiciado gran parte de nuestro valioso tiempo.

Sin ánimo de obviar la consciencia de que lo que hacemos repercute en el futuro, de que tenemos consciencia del futuro o de esas relaciones causa efecto y necesidad de cierta estabilidad y/o seguridad, dedicar gran parte de nuestra energía a lo que será es necesariamente quitársela a lo que es.

La también recurrida frase del “no todo vale” alude en parte de la respuesta a la pregunta “¿Cómo puedo conseguir dotar a mis acciones de sentido en presente?” La respuesta a esta pregunta es tuya, fruto de una búsqueda que debes llevar a cabo, aunque si la respuesta no parece estar ahí fuera, después de todo el tiempo que llevas buscando, o empiezas a buscar de otra manera o simplemente empiezas a buscar en otro lugar, y a mi, lo más lógico me parece de dejar de buscarla ahí fuera y empezar a buscarla dentro de ti. En mi opinión y experiencia, aparte de las muchas corrientes filosóficas, psicológicas y del pensamiento que lo apuntan, la forma de que cada cosa que haces tenga sentido es simplemente impregnarla de ti, de tus valores, de la traducción del cómo en tu experienca personal, del valor que tiene en sí misma la acción y de la que tú le añades desde ti… ¿Porqué crees que he empezado este párrafo con el “no todo vale”? Cada cosa que hacemos se ajusta no solo a necesidades, que es de donde nacen, sino a valores, creencias, aptitudes y actitudes que son propias de cada persona. Para explicarme mejor, pondré un ejemplo, si una persona necesita dinero, puede pensar en distintas cosas como trabajar, pedir préstamos, en jugar loterías, juegos de cartas o similares e incluso robar, estafar o cualquier otra cosa. El sentido de qué terminamos por hacer debe ser una elección personal por la que le damos un sentido más allá del fin último, un sentido en base a valores personales como honradez, honestidad, compromiso, amor, etc. Cuando vamos a un bar, todos los camareros hacen lo mismo, nos dan un servicio, pero ¿Todos lo hacen igual? ¿Has notado cómo algunas personas que te atienden te regalan una sonrisa, te mandan una frase de ánimo o simplemente e prestan una atención como persona y no solo como cliente?… ¿Crees que eso lo hacen día tras día tras día para ganar dinero?

Posiblemente, muchas personas que son felices más allá de las circunstancias que les rodean no sean del todo conscientes que donde nace esa felicidad. En mi opinión, las fuentes que hacen esto posible son dos; en primer lugar la aceptación, y no quiero decir Resignación ya que esto pocas veces nos trae felicidad, quiero decir la aceptación, aceptación de que estamos en un escenario que no hemos elegido (al menos en su mayoría) y de que somos quienes somos, con los recursos y necesidades que tenemos, y en segundo lugar el dotar de sentido propio, el involucrarse, comprometerse con los valores propios en todo lo que hacemos y, en definitiva, en ser en cada momento más allá de lo que hacemos impregnado así cada conducta con lo que somos, con lo que eres.

En la dinámica que nos rodea y entre los hábitos adquiridos por una sociedad, una educación, un sistema que nos invita a estar permanentemente pendientes del resultado, sé que puede resultar difícil encontrar los valores propios y la forma de llevar esto a cabo, de encontrar el nuevo habito y de sustituirlo sin embargo, si necesitas apoyo para esto, ya sabes que puedes contar conmigo.

Cuando vivimos la vida en la aceptación y en el dotar de valor, de sentido, la felicidad llega sola a través de la satisfacción vital. La expectativa se transforma en esperanza y, de la misma manera en la que cuando compro un billete de lotería lo hago con la esperanza de que me toque y no con la expectativa de ello, de tal manera que cuando no me toca no siento el lastre de lo que he hecho, la vida empieza a transformarse en un transcurrir de momentos presentes en un camino que, como decía Antonio machado, no es´hecho sino que se hace al andar, andar hacia donde tu quieras, sabiendo que posiblemente el al que al final llegarás esté dentro de ti y dentro de los demás.

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