Para de dañarte…


¿Cuanto tiempo inviertes en revivir experiencias negativas pasadas sin sacarles ningún rendimiento? ¿Cuantas veces le das a una personas el poder de estropearte toda la tarde por un acto o un comentario desafortunado y/o malintencionado?

No pretendo llegar a que haya que ser dioses ni personas imperturbables o insensibles, estoy tratando de llegar a que el entorno nos impone una serie de condiciones que repercutirán en nosotros pero no cómo experimentamos eso y no cómo lo interiorizamos.

Ante cualquier experiencia tenemos una respuesta emocional más o menos intensa. Las experiencias repetidas, ordinarias o rutinarias, tienen su respuesta emocional más patente en su origen y las hacemos ahora de forma automática sin recaer en la respuesta emocional mientras que las experiencias extraordinarias presentan una respuesta más notable.

La respuesta emocional se construye como un sistema de información que relaciona un suceso con mis necesidades internas creadas principalmente para la supervivencia es decir, que nos da una información esencial para nosotros y que podemos y debemos aprovechar para generar respuestas satisfactorias. (ver EMOCIONES).

Una de las cualidades que tiene nuestra mente es que es capaz de crear experiencias, crear realidades, de tal manera que, una situación que nos ha pasado, somos capaces de reproducirla de nuevo mentalmente, y sin esta cualidad, sería difícil aprender y generar comportamientos preventivos o soluciones elaboradas. Si esta cualidad la utilizamos para estudiar la situación y aprender, una vez generado el aprendizaje, no hay necesidad de seguir reproduciendo la situación, sin embargo, si no hacemos caso al proceso de aprendizaje, la situación tenderá a reproducirse una y otra vez, haciéndonos sentir de nuevo tanto la situación como los sentimientos asociados que, con el paso del tiempo, irán complicándose y anquilosándose. Es decir, que ante una situación conflictiva para nosotros, podemos dejarnos sentir y aprender de nuestras emociones para generar aprendizaje y respuestas adaptativas, o bien podemos no escucharlas y revivirlas una y otra vez.

El enfado, es la situación que con mas frecuencia se nos presenta en la faceta de resentir.

¿Te has dado cuenta de lo ridículo que es en el fondo que, cuando alguien te hace algo, te lo hace una vez, y luego te lo repites tú a ti misma/o una y otra vez, resintiendo y haciéndote daño tu misma/o? Mientras tú revives la situación una y otra vez, la persona que te hizo el agravio está por ahí tranquilamente viviendo su vida y… ¿quien te está haciendo daño ahora?

Imagínate el típico cabreo tremendo que te coges con alguien. Invade tu espacio, falta a su promesa o lo que sea y ¡chas! Cabreo tremendo… Resulta lógico enfadarse puesto que de alguna manera te han roto tus límites y tus expectativas (recuerda, tuyas), toca vivir el cabreo y aprender, pero ahora bien, y después de un tiempo, del cabreo inicial… ¿qué poder le das a esa persona como símbolo del suceso para que cada vez que te lo encuentres en el trabajo, en el bar o en una fiesta tú no puedas disfrutar tranquilamente? ¿Cuanto tiempo de tu vida piensas invertir en generar de nuevo ese cabreo y pasarlo mal? ¿cuanto tiempo te vas a hacer daño a ti misma/o de forma gratuita?

Resolver la situación puede ser cosa tuya o de más gente, resolver tu sentimiento es cosa tuya.

Para los efectos de este blog, la emoción básica es aquella que surge de forma automática ante un estímulo, que es universal (se da en todas las personas y todas entienden lo mismo), atemporal (no cambia con el tiempo) y que se presentan antes de la socialización de las sensaciones (los bebés ya las manifiestan como una impronta genética). Los sentimientos son mezcla de éstas y pensamientos, es decir, una complicación sobre la emoción básica y primaria.

Cuando nos enfrentamos a un suceso se produce primero una emoción primaria que es la que nos dice cual es nuestra necesidad básica afectada, después, sobre esa base, elaboramos un pensamiento que da lugar a sentimientos. Si no manejamos bien las emociones y los sentimientos, estos derivan en cargas emocionales que arrastramos durante mucho tiempo, quizá toda la vida, y que nos lastran tanto para ser felices como para enfrentar nuevas situaciones.

Saber que aunque no puedas manejar tus emociones (ni debas mas que sentirlas, dejarlas ser y aprender de ellas), sí puedes hacerlo con tus pensamientos y por ende con tus sentimientos y tus lastres y cargas emocionales te convierte en gran medida en una persona libre capaz de elegir tus sentimientos y tu felicidad.

Si aún guardas sentimientos dentro de ti que te lastran a la hora de fluir con tu vida, empieza a identificar tus emociones, tus necesidades y a elegir tus pensamientos, te aseguro empezarás a ser más feliz.

Si quieres saber además cómo liberarte de los resentimientos que tienes almacenados, puedes echar un ojo a “RESENTIMIENTO”, pero hoy solo quiero llamar tu atención sobre el poder que cedes a otros sobre tu felicidad, el boicot que ejerces sobre tu bienestar, y como antes de generar la carga emocional, el resentimiento por ejemplo, puedes aprender a no crearlo y alimentarlo o al menos a mantenerlo bajo mínimos.

Lo que hoy te hace daño no es lo que pasó entonces, lo que hoy te hace daño es que hoy sigues sin aprender de ello, sigues sin incorporarlo y sigues reviviéndolo.

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