Orgullo-2


Como prometí si me pedían que ampliase ampliaría, así que amplío.

Después de leer, trabajar y meditar sobre el tema, yo diría que el gran secreto de la satisfacción vital, de lo que ha quedado en llamarse felicidad, es la suma de dos aspectos, la coherencia interior y la trascendencia. Sé que este último factor puede resultar extraño e incluso controvertido, pero espero que me des la salvedad al menos por un rato pesando que me refiero a esta trascendencia desde un punto de visto muy amplio, desde la búsqueda de la inmortalidad en alguna de las tres formas que la humanidad ha encontrado; la continuidad genética-cultural; la espiritualidad, normalmente canalizada en forma de religiones; y la trascendencia propiamente dicha, el “pasar a la historia”. Como ves, dos de ellas son mucho mas cercanas a aspectos mas materiales y la otra es espiritual, estando esta última normalmente enfrentada conceptual-mente a las otras dos por considerarlas precisamente eso; “materiales” y de poca importancia relativa.

Sea como sea (que ya me estoy yendo por otros derroteros), nuestra naturaleza social, la consciencia de nuestra futilidad vital, de nuestra caducidad, y la mencionada necesidad de coherencia, se ponen en funcionamiento a la hora de sentirnos plenos, de ser felices y nos da una serie de opciones limitadas.

La condición de seres sociales, deriva de las necesidades ancladas a nuestra condición material y es ineludible, la desespecialización corporal y la especialización del cerebro nos condicionan desde el nacimiento, siendo las criaturas más vulnerables de la tierra en el momento que nacemos y necesitando el mayor periodo de maduración. La gran fuerza vital de la superviviencia, lo que desde la inconsciencia nos orienta a sobrevivir unido a nuestra condición vulnerable, desarrolló en nosotros una serie de emociones ligadas a garantizar nuestra supervivencia y así, aquello que nos produce placer (un logro, el sexo, comer, etc.) es algo que va en pro de garantizar nuestra supervivencia, mientras que aquellas emociones que nos producen desagrado son aquellas que van en contra de lo que amenaza nuestra supervivencia, es decir, aquello que nos produce agrado es bueno para nosotros, aquello que nos produce desagrado es malo para nosotros.

De una sabia manera, la naturaleza resume en unas pocas emociones básicas aquello que necesitamos para sobrevivir siendo tres de esas necesidades presentes en todo momento, la necesidad de libertad, la de seguridad y la de afecto (teniendo en cuenta que esta última es una necesidad social algo más compleja y que también podría llamarse pertenencia al grupo asegurada, tenga el grupo la forma que tenga según culturas sociedades, etc.).

Como ya dije, cuando una de estas tres necesidades se ve amenazada o no cubierta surge una emoción asociada; la tristeza ante la falta de afecto; el miedo ante la falta de seguridad; y el enfado ante la falta de libertad.

Sé que todo lo que estoy diciendo hasta aquí resulta algo teórico y alejado, pero es la base de entendimiento de la ampliación. Es importante que entiendas esto bien para que no haya dudas después.

Al igual que nosotros mismos, la sociedad se constituye como un ser independiente, una sociedad no es la suma de sus miembros sino estos en sinergia, es algo mayor a todos ellos y diferente de ellos, aunque los principios que la rigen puedan ser similares tales como el principio de supervivencia.

El principio de supervivencia nos llevó a evolucionar nuestro cerebro y lo hizo sin olvidarse de los pasos dados, integrando y sin eliminar, así que nuestro cerebro se fue desarrollado y generando estrategias de optimización de funcionamiento, de cumplimiento de su función, y en su evolución. Incluso nos llevo a desarrollar la capacidad de sintetización, razón por la cual tenemos unos pocos valores y menos principios (lo valores mas fuertes y estables) que sustentan miles de pensamientos, y cómo no, una sociedad basada en nosotros presenta también sus valores y principios… que nos empapan, aceptamos e integramos como propios también.

Así que así estamos, nos plantamos ante el mundo con la necesidad de sentirnos felices, de sentirnos coherentes, de trascender, viviendo en sociedades pequeñas (como la familia) y grandes (como el pueblo), con necesidades vitales psicológicas y con valores individuales y sociales… y nos enseñan matemáticas, latín, lengua, física, química, economía y lo que haga falta para que encajemos en algún lugar productivo de nuestra compleja sociedad… ¿Te enseñaron a vivir? No creo, y a los demás tampoco.

Así que un día una persona se encuentra con que tiene una serie de valores vitales, otros sociales, y una necesidades que cubrir, y un montón de situaciones a las que enfrentarse en las que no siempre todo cuadra. Al final, necesidades psicológicas (afecto, seguridad y libertad) que funcionan como si de principios fundamentales se tratara, valores personales que nos han supuesto beneficios importantes en nuestra vida (amigos, lealtad, etc.) y valores sociales (tolerancia, igualdad, etc.), tienen que ser satisfechos en cada decisión que tomamos en nuestro devenir vital. Cada vez que alguno de éstos no queda satisfecho, genera una especie de sensación de vacío en notros, vacío que proviene del latín “vanus” y surge la necesidad de llenarlo… ¿Y cómo crees que se llena?… ¿Te suena extraño que vanidad tenga la misma raíz?… Vanidad, que significa cualidad de lo vano.

Ante la necesidad de cubrir el vacío y la imposibilidad de hacerlo con nuestros propios medios, surge “la cualidad de lo vacío” y busca la forma de que sea el entorno quien nos lo proporcione, quien nos llene ese vacío. El reconocimiento del entorno proporciona seguridad y sensación de afecto, con lo que generamos conductas para conseguir esto, mientras la libertad parece estar solo de nuestra mano.

El problema es que, estas conductas desarrolladas puramente instrumentales, en mucha ocasiones generan incoherencia a nivel de valores, es decir, un conflicto interno, con lo que la felicidad deseada no es conseguida.

Como supongo que sabéis, la realidad es algo que escapa a nuestro conocimiento y aun mas a nuestro entendimiento, los sentidos recogen información y el cerebro completa la información basándose en prioridades establecidas en el desarrollo y en la experiencia previa de situaciones similares, si bien, esta realidad creada también es ficticia.

Así que tenemos un conflicto de valores y un cerebro capaz de crear una realidad que luego coteja con el exterior, la evolución de esto parece clara, el cerebro crea una serie de “excusas”, una realidad paralela que, aunque al principio resulta falsa por contraposición a lo que se ha mantenido hasta ahora, con el tiempo se impone como realidad. “La gente no comprende, le falta información”, “el mundo está lleno de personas que no llegan a mi nivel de entendimiento” o “esto es lo que debo hacer”, por ejemplo, son frases a las que recurre ante la confrontación con la intención de mantener a ralla a todo aquel que no alimenta su vacío, su vano, su vanidad, a toda aquella persona que no le refuerza la imagen que desea tener de sí y claro, con el tiempo, esta realidad de hace sentirse, creerse, superior a los demás, el fondo de “yo soy mejor” orgulloso que acaba incluso desterrando a sus adeptos ante cualquier posible “ataque” a su imagen creada, la actitud de la soberbia en la que ya no se escucha sino a la realidad creada que permite mantenerse mínimamente seguro o segura pero en un mundo aislado.

Un abrazo

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