Influencia Vs. Manipulación


¿A quién manipulas? ¿Te manipulan?

Esta semana mantuvimos un debate en torno al los límites entre influir y manipular. Aunque “a priori” todos tenemos una marcada diferencia intuitiva, rara vez reconocemos que manipulamos y también, aunque quizá desde una falsa humildad más a menudo, que nos manipulan.

Muchos de nuestros comportamientos no resultan manipuladores simplemente porque no alcanzan el resultado esperado (de nuevo ponemos el foco en el resultado, no en la intención), sin embargo, sí está en nuestra intención generar una respuesta determinada en alguien, y cuando digo generar, lo digo con todo el conocimiento, ya que no es una simple esperanza, un deseo, sino que hacemos lo posible desde nuestro manual subconsciente por conseguir que la otra persona no tenga opción (aunque no lo consigamos).

Es posible que pienses que tú no, y es posible que tengas razón… Muy improbable es que no lo hagas nunca.

Desde mi punto de vista, cuando influimos sobre las personas, el espíritu es siempre el de dar, no el de recibir; dar opciones, generar oportunidades, dar parte de nosotros/as. Un ejemplo; cuando me gusta una chica y le propongo quedar con ella, me estoy y le estoy dando una oportunidad para conocernos mejor, de mostrarme, etc., deseo una respuesta pero no trato de coartar su libertad, su elección. Si sobre este mismo supuesto mi foco de atención está en que quiero que ella diga si, estaré ya un paso más cerca de la manipulación… quizá no sepa que hacer para conseguir que diga que sí, pero la cuestión es, si lo supiera ¿no lo haría?, ¿acaso no hago ya todo lo que puedo/se para ello? Si estudio su perfil psicológico, técnicas de orientación y programación del pensamiento, o simplemente trato de buscar reacciones controladas, con el foco en generar una respuesta satisfactoria para mí, por encima de lo que puede ser beneficioso para ella y para ambos, ya no parece que quepa muchas duda ¿verdad?

Cuando hablamos de sociabilidad, no hablamos de seducción, el trabajo que hacemos es el de ayudar a las personas a dar lo mejor de sí mismas a los demás, a vencer barreras emocionales, creencias irracionales y gestionarnos empezando por nosotros/as mismos/as, les apoyamos a que sepan dar lo mejor de sí mismas, no a “robar” lo que quieren de las otras personas. Quizá sea un camino más laborioso, más largo, de mayor esfuerzo, pero créeme cuando te digo que no es menos eficaz… ¿quién no resulta seductor/a cuando se muestra apasionado/a, auténtico/a, respetuoso/a, empático/a, colaborador/a, etc.?… Son conocidas muchas técnicas de manipulación del pensamiento, muchas incluso las conoces tú mismo/a aunque no tengas consciencia de ello (y de hecho las utilizas de forma automática en determinadas ocasiones; es probable que encuentres ejemplos si tienes hijos y piensas en tu relación con ellos, o esa persona que conoces tan bien y que a veces quieres que haga algo, ¿tal vez tu pareja?), no voy a entrar aún a valorar si la manipulación es buena, lícita o a hacer cualquier otro juicio de valor, simplemente quiero subrayar hoy el hecho de que no estamos libres de hacerlo ni que nos lo hagan sin darnos cuenta.

De alguna forma, desde mi punto de vista, después de darle muchas vueltas, parte fundamental de la diferencia entre influir y manipular es la voluntad de dar o la voluntad de recibir. Ir de dentro a afuera o de afuera a adentro, pedir o quitar.

Desde mi punto de vista, enfocar el concepto manipulación desde el resultado, es decir, desde si se consigue que alguien haga lo que queremos o no, es una excusa para seguir intentándolo, enfocarlo desde el prisma de si hay consciencia y voluntad en la manipulación o surge desde el hábito de comportamientos aprendidos, es una excusa para seguir haciéndolo. La manipulación nace para mí en el querer recibir en vez de dar, en la actuación llevada al conseguir algo de alguien por encima de lo que esa persona quiera o simplemente sin contemplarlo, implica una desigualdad de rango personal, un yo soy más importante que tú, una falta de respeto a la otra persona, un impulso a coartar la libertad ajena, algo que no queremos que nadie nos haga en líneas más que generales.

Y así, para mí, la influencia implica querer dar, proponer y no imponer, un trato de igual a igual, desde el respeto.

Y si pensamos en las escuelas que enseñan sociabilidad, o aspectos de la misma, desde la perspectiva del conseguir (ventas, seducción, etc.), veremos que el camino es muy efectivo y rápido, muy orientado al objetivo, efectista, sin embargo, muy dañino para todos pues son métodos infladores de egos y creadores de malestar (imagina la chica o el chico que se levanta al día siguiente pensando “porqué me he acostado con esta persona si no quería” o al comprador arrepintiéndose de la compra cara e inútil, imagina su autoestima que bien estará en ese momento). Parafraseando al maestro Yoda ante la pregunta de “¿Es más fuerte el lado oscuro?”, la respuesta es la misma “No, no… más rápido, más fácil, más seductor”

La influencia es algo que no podemos evitar, la manipulación, en cambio sí, aunque quizá aún tengamos mucho que crecer para conseguir evitarla todo el tiempo.

Y ahora, siendo honesto/a contigo… ¿Cuántas veces tratas de manipular? ¿Cuántas lo hacen contigo?… y sobre todo… ¿quieres seguir haciéndolo o quieres aprender otro camino?

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