A la vida y a la muerte… ¿son todos los miedos?


Ayer me preguntaba mi alguien ¿Qué pasa cuando no te sientes culpable por lo que haces sino por lo que no haces, por no hacer nada? Y bueno, más allá de que el sentimiento de culpa pueda surgir de la diferencia no asumida y excesiva entre mi yo ideal y mi yo real, y no importa tanto si es hacer o no hacer lo que no se ajusta al ideal, la pregunta que hay de fondo es por qué no hacemos nada en determinados momento o por qué nos sentimos así.

Según  Frances Wilks, todos los miedos se pueden resumir en dos, el miedo a la vida y el miedo a la muerte.

El miedo a la vida se relaciona principalmente con personas que no se comprometen, que no se detiene ante las cosas y que está buscando siempre nuevos inicios. Convierte el miedo en aburrimiento para no enfrentarse a el miedo al fracaso. Existe una especie de vocecita que dice “eres un fracaso aquí”.

El miedo a la muerte se relaciona con la necesidad de seguridad ante todo. La vida de estas personas contienen el menor número de cambios posibles o sigue un camino ya diseñado o “convencional”. Elije no sentir miedo pero tampoco siente mucha excitación. Suele ser opresor, humilla y critica por miedo a que otros sean mejores. Sus actos se pueden resumir en torno a la necesidad de “control” y tienen miedo a sentir miedo y miedo a la muerte.

En mi opinión, a veces se mezcla incluso el miedo al éxito como un paso previo al fracaso, a no poder mantener ese éxito o crear expectativas con las que no estar a la altura, pero creo que no es más que una variación de lo mismo.

¿De qué darse cuenta en cada caso?

En el miedo a la vida, de que no hay por qué matar todas las posibilidades creativas ni las posibilidades de establecer relaciones satisfactorias por miedo al fracaso. En el miedo a la muerte, de que no todos los cambios llevan necesariamente a la muerte, al contrario, son parte de la vida, una oportunidad de multiplicar los dones, talentos revividos o desarrollarlos.

Estos poderosos miedos arquetípicos suministran energía a otros miedos más cotidianos y aparentemente menos importantes, por lo que usar la lógica para cambiarlos suele ser el camino para romper el círculo. Pregúntate si tus miedos son realmente lógicos o ciertos ¿Seguro que serías incapaz de seguir adelante? ¿Seguro que te abandonarías a ti mismo/a?

En mi opinión, muchas veces no hacemos cosas simplemente por no enfrentar estos miedos.  Según el caso simplemente no empezamos nada, o bien lo empezamos para no terminar.

A tener en cuenta que la forma en que esto se manifiesta puede ser también el no saber que hacer. Si bien el autoconocimiento minimiza esta sensación, no veo que haya un motivo para no hacer nada, para no “probar”, más allá del una canalización de estos miedos.

Espero que este artículo de hoy te sirva para verte un poco mejor y para encontrar soluciones.

Un abrazo.

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