Autoconocimiento, el primer paso hacia el éxito vital.


¿Cuánto te conoces y/o conoces a los demás? ¿Estás seguro/a?… Desde un alto conocimiento de uno mismo/a no debería ser difícil responder algunas preguntas como ¿Para qué te levantas por la mañana? ¿Cuáles son tus valores (no los sociales)? O ¿qué necesidad psicológica está presenta detrás de la mayoría de tus deseos en este momento?

Desde un estado de autoconocimiento limitado, el control de tu vida es también pequeño puesto que todo aquello que desconoces sobre ti genera en ti comportamientos que no eliges. Solo lo que tenemos en el consciente es susceptible de ser cambiado y mientras no te conoces, tu subconsciente toma el control y no tú, con lo que te conviertes en cierta medida en una marioneta de las circunstancias.

Es parecido a cuando conduces todos los días a tu trabajo por un camino, que llega el momento en que ya no tienes que pensar en girar en la 3ª a la derecha, luego en la rotonda de frente, etc., si no que lo haces apenas sin pensar, oyendo la radio y/o hablando con tu acompañante o preparando mentalmente la agenda del día. Es genial no tener que pensar a cada momento donde vas, muy útil para poder repasar esa agenda ¿pero qué pasa el día que vas a otro sitio y gran parte del camino coincide con el del trabajo? ¿No te ha pasado que de pronto te encuentras en la puerta del trabajo (o de otro sitio al que vayas habitualmente) y no has sido consciente de estar yendo hasta que ves que estás en un sitio en el que no querías? Pues de un modo análogo, cuando no nos conocemos, no ponemos consciencia en nuestro comportamiento y así, nuestro subconsciente toma el control, guiándose por hábitos generados en el pasado y probablemente poco útiles para lo que queremos ahora.

De forma similar, cuando tratamos de alcanzar un deseo teniendo necesidades psicológicas abiertas, tomamos decisiones orientadas a cubrir esa necesidad sean o no sean las más apropiadas para alcanzar el objetivo, restándonos efectividad en la capacidad de decidir. Un claro ejemplo de esto puede ser cuando decimos algo que convendría no decir (alguna intimidad propia o ajena por ejemplo) ante la posibilidad de acaparar atención porque necesitamos sentirnos aceptados o reconocidos. Ni que decir tiene que los efectos que esto nos puede conllevar, desde la pérdida de amistades o proyectos hasta la disminución de autoestima no son ni mucho menos menospreciables para nuestro buen vivir y satisfacción vital.

Un proceso de coaching comienza normalmente por ahí, por encender la luz, por acompañar el proceso de autoconocimiento, (aunque cabe decir que, en no pocas ocasiones, el coachee no acude al coach desde la tranquilidad interior y el deseo de mejorar sino desde un estado de cirsis, desde una ruptura emocional y, antes de encender la luz, hay que limpiar las gafas del coachee, hay que desinflar el globo emocional que llevan delante de los ojos).

Un abrazo enorme para empezar la semana. Os dejo con esta canción que hacía mucho que no escuchaba y que siempre me gustó bastante esperando además que os inspire algo…

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