¿Te molesta?… ¿pues qué vas a hacer?


Se dice que todo aquello que está en nuestro entorno, por fuera, y nos representa una molestia o una “agresión” dirigida hacia mí, es la muestra, la evidencia o el reflejo de que tenemos algo que resolver por dentro.

Supongo que cabría realizar alguna excepción a esta aseveración, pero más allá de la posible polémica sobre el alcance del dicho, me sirve para evocar algo más allá… ¿Qué haces tú cuando algo te molesta?

Con frecuencia ponemos el foco de atención en el suceso o el foco de molestia y nuestra confianza en el poder de la mente nos lleva a esperar que deseando que sea de otra manera, ¡chas! cambie, pero resulta que, como sabes, esto no ocurre.

En mi opinión, uno de los grandes cambios que facilitan el crecimiento personal es cambiar el foco ¿Qué vas a hacer tú?

Nos sentimos víctimas de lo que nos sucede alrededor y mientras miramos hacia fuera, no hacemos sino permitir esa relación, mantenerla e incluso favorecerla. Quizá nada sea verdad ni mentira, quizá seas una victima o quizá no, quizá lo que importa en realidad es… ¿para qué te vale estar donde estás, quedarte quieto/a?

Como he comentado muchas veces, todo surge de la valoración que hacemos de la relación entre la percepción sobre el entorno y la percepción interna o de nuestro “intorno”. Sobre el entorno tenemos una capacidad de influencia limitada y en muchas ocasiones absolutamente ninguna, luego centrarse en el entorno no parece muy útil. La relación que mantiene una persona consigo misma tiene mucho que ver con sus actos puesto que los resultados de estos nos permiten un feedback de aprendizaje y valoración basados en el hecho y no en la especulación. Si “nada cambia si nada cambia”… ¿Qué es lo que puedes cambiar? ¿Dónde parece más útil poner el foco? ¿Qué puedes hacer tú?

Por otra parte, la relación que mantenemos con el entorno está condicionada en gran medida con una serie de creencias que condicionan nuestra interpretación, por ejemplo, si creo que un amigo es alguien que me tiene que conocer muy bien, hasta el punto de saber cuando me pasa algo sin que se lo diga, o qué necesito en un determinado momento igualmente sin una comunicación explícita (lo cual es una creencia muy extendida y desde mi punto de vista bastante irracional puesto que atribuimos poderes de lectura mental por proximidad a la especie humana), el día que tengo una necesidad de afecto y no me la cubren, me generará un montón de emociones que no hubieran aparecido de otra manera (decepción, tristeza, enfado, etc.), añadiendo con ello más leña al fuego de nuestra necesidad.

Estar abiertos a replantear las creencias que condicionan nuestro comportamiento es también clave y una forma de plantear este cambio es de nuevo el de la utilidad ¿Tu creencia te potencia o te limita? ¿Por qué mantienes creencias sobre cómo son las cosas basadas en cómo te gustaría que fueran? ¿De qué te sirve querer que las cosas sean de otra manera?

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