FIN DE AÑO y… renovación


Hoy quiero compartir contigo una experiencia propia relacionada con muchas de las entradas que suelo escribir en este blog, una experiencia que va desde la necesidad de cambio hasta la respuesta, una experiencia que espero saber transmitirte de forma que pueda ser útil para ti y que quizá te anime a compartirla conmigo de nuevo dentro de unos días.

Hace 10 años, mientras compartía el momento con un par de buenos amigos y derrochábamos intelecto en criticar la cantidad de cosas que soportamos sin hacer nada porque “así son las cosas” a la vez que nos metíamos con “todo el mundo” por no hacer nada, surgió una idea. Estábamos a principios de septiembre (creo incluso que era día 1, si no, cercano), terminando las vacaciones, afrontando la vuelta al curro, el cierra de proyectos y, de pronto, hasta haciendo propósitos de año… ¿Por qué celebramos el fin de año en diciembre?

Los motivos son poco conocidos, y parecen comenzar con que Enero era el momento en el que los cónsules romanos asumían el poder y, aunque el calendario romano comenzaba en marzo, los calendarios posteriores se fueron adaptando a esta fecha como inicio de año influidos además por las festividades cristianas de diciembre… Está muy bien… ¿Y hoy? ¿qué empieza realmente en Enero para nosotros? ¿celebramos el momento en que empezamos a contar para pagar nuestros impuestos? ¿de verdad celebramos un año fiscal? ¿Un año fiscal tiene sentido de celebración para nosotros?

Si nuestra vida tiene un ciclo social que está mucho más ligado a septiembre que a Enero ¿Por qué mantener esa costumbre?

Septiembre es el mes de comienzo de curso escolar lo que influyen muchísimo en el ciclo social no solo de los escolares sino también de sus familiares, profesores y muchos otros indirectamente. Además, en nuestra dinámica natural coincide con la vuelta de las lluvias, la época de las cosechas como recogen muchas costumbres quizá por coincidir con la del dios Baco, la de la uva, en septiembre es el equinoccio de otoño, el cambio de estación, de colores, de aires, de sentimientos, vuelven las lluvias (últimamente menos) y se puede dar por comenzado el año hidrológico en nuestra región. Igual que caen las hojas de los árboles para dar espacio a las nuevas, nuestros cuerpos, que acompañan a la dinámica natural, cambian su energía, piden reposo y parecen prepararse para la reflexión y un nuevo comienzo. Como si el verano fuera la fiesta de culminación del año, con toda su luz y su energía, la época de celebración de logros y errores, de superaciones y esfuerzos, pasamos a una etapa que incita al recogimiento, a la evaluación y al planteamiento de nuevos retos. Los propósitos de mejora nos surgen de forma natural, sin que ninguna tradición sin sentido nos lo imponga y, sin darnos cuenta porque nos hemos acostumbrado a escuchar sólo los sonidos que vienen de fuera, oímos en nuestro interior los sonidos de un reloj mudo que con cada campanada nos incita a empezar de nuevo y a limpiar lo que ya no vale como hacen los arboles preparándonos para la renovación.

¿Qué hacíamos entonces celebrando el año nuevo en enero? ¿Qué clase de personas éramos que nos dedicábamos a criticar todo aquello que no nos gustaba, la incoherencia humana, el borreguismo, la conformidad y el no hacer nada, y no éramos capaces de hacer un cambio tan simple como celebrar el año nuevo en septiembre, cuando lo sentimos?…

Un poco menos de un año después estábamos en la Puerta del Sol, a las 12 de la noche, celebrando el cambio de año real con uno o doce tragos de agua en una adaptación de la tradición de las uvas a un símbolo que relacionamos con los ciclos naturales, con la purificación, con la transparencia, con la limpieza, esperando que el paso del agua por nuestros gaznates hacia nuestro interior nos recuerde la importancia de hacer lo que uno cree coherente, nos limpie de lastres y pesos y nos ayude a ver mejor nuestros errores y nuestras posibilidades, proporcionado además la frescura que necesitamos para volver a mirar donde ya miramos y ver lo que no vimos.

Espero que este relato os aporte al menos un poco del sentimiento con que yo lo vivo y la energía que necesitamos a veces para afrontar los cambios que acompañan a la coherencia que nos da la seguridad y la autoestima que tanto nos ayuda a ser nuestro mejor yo.

Os invito además a que nos acompañéis este año (el 9º que lo celebramos) en el momento simbólico de cambio de año, el día 31 de agosto a las 12 de la noche en la Puerta del Sol, en la celebración que nos recuerda que el cambio es vida y la vida es cambio, que cambiar las cosas  depende principalmente de cada uno de nosotros, que la coherencia está en lo que hacemos no en lo que pensamos, que no tenemos que cargar con lo que ya no nos sirve, y que siempre puedes empezar de nuevo.

https://www.facebook.com/events/208881352573978/

Un abrazo.

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