¡¡¡OJO FRASES!!!


¿te has fijado la cantidad de sabios que circulamos por las redes sociales citando personas que fueron capaces de resumir una lección de vida en una simple frase? Para mí esto tiene un problema y es que es una forma más de tratar de introyectar creencias en los demás.

Todas estas frases suelen ser extraídas de textos o discursos muchos más extensos, es decir, suelen estar sacadas de contexto, amén de que refieren un aprendizaje experimentado por una persona y que en ningún modo podemos llegar a comprender en su plenitud. En mi opinión, las frases célebres no deben ser tomadas por tanto como grandes verdades sino más bien como pequeños aportes que en un momento dado nos pueden dar la pista de lo que necesitamos en ese momento. Las frases célebres serían por tanto pequeños regalos de inspiración, herramientas para el pensamiento con las que nos facilitamos encontrar nuestra propia respuesta.

Quizá te estés preguntando a que viene esto y quizá incluso te parezca obvio, sin embargo, estas obviedades, a veces no lo son tanto. Hay muchas cosas que sabemos pero que no comprendemos (como muchas frases) porque en realidad son más un anhelo que una realidad. No sé si es posible comprender en realidad algo que no se ha vivido, no sé si se pueden comprender las locuras y/o las tonterías que se hacen por amor sin haber estado enamorado/a alguna vez, o lo que cuesta dejar de fumar si jamás se ha sentido la ansiedad de la adicción, así pues, no sé si aprender frases puede en realidad ser algo bueno, o finalmente algo dañino, por lo que te cuento esto con la simple intención de que al menos lo tengas en cuenta, no solo con las frases, sino con todo aquello que te digan.

Una frase célebre suele ser el resumen de todo un aprendizaje vital de alguien, generalmente, un referente social. De alguna manera tenemos la costumbre de no confiar lo suficiente en nosotros/as mimos/as, así que le damos de entrada, por venir de ese referente (si la misma frase la dice perico el de los palotes no le haríamos mucho caso) una veracidad “a priori” y favorecemos su introducción en nuestro sistema de creencias, que a su vez condicionan nuestras respuestas ante las dificultades que se nos van planteando en la vida, de tal manera que puede llegar el día en el que, todas esas “grandes verdades” nos estén suponiendo un límite para nuestro desarrollo. Bajo esas grandes verdades universales están las propias, tapadas y sin poder salir por la presión, algunas puede que hasta ahogadas después de tanto tiempo enterradas, así pues, escribo esta entrada con el ánimo de que al menos tengas cuidado con cómo usas esas grandes frases.

No estoy diciendo esto por decir. Son ya varias las ocasiones en las que tengo una conversación con un cliente o con alguna compañera de este ámbito laboral con un amplio conocimiento de la psique y/o de la inteligencia emocional (personas que han leído muchos libros dedicados a estos temas, didácticos o de autoayuda, y que se han formado en ello), en las que se presenta una fuerte contradicción entre el cómo se sienten y el cómo deben sentirse ante tal o cual situación, a veces incluso con qué deben pensar y por supuesto ,hacer.

A veces, para que encuentren su salida es suficiente con traer a la luz la presencia de las creencias que se contraponen en ese momento dado, como puede ser por ejemplo “ninguna emoción es negativa, hay que dejarse sentir para liberarlas y aprender de ellas” y “yo puedo hacer que todo lo que me ocurre sea positivo porque puedo aprender de todo” a lo que subyace (según creo yo precisamente por no haber aprehendido las cosas sino solo haberlas aprendido) un “si es positivo para mi, tengo que estar contento”.

Para mí, una frase suele no ser sino una incitación a crear el propio conocimiento o, a veces, un marco de expresión brillante a un conocimiento propio que he querido compartir. Una frase es una herramienta, algo útil en un momento dado. Una frase no es una verdad que deba regir tus sentimientos y pensamientos

Muy probablemente, la frase más importante que oirás en tu vida, es una que saldrá de tus labios, una que surja de tu propia experiencia y que deriva de una auténtica voluntad de aprender y de mejorar, limpia de culpas, victimismos o resentimientos, una que surja de la tan buscada sinergia cabeza-corazón, una que recoja parte de tu esencia vital y no de la de otra persona. Muy probablemente ya te has dicho alguna gran frase aunque quizá no te has permitido escucharte.

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