¿Qué pasa cuando no sabes lo que quieres?


Creo que se puede decir, de forma superficial, que el coaching va de conseguir objetivos como una forma de llegar a ser lo que quieres ser. Así, a veces me hacen la siguiente pregunta: “¿Qué pasa entonces cuando no sabes lo que quieres?”, A lo que yo suelo responder: “No sé, dímelo tú”.

La necesidad de saber lo que se quiere parece inherente al ser humano, sin embargo, es posible que lo que sea realmente inherente al ser humano sea su capacidad para no permitirse quererlo.

Ya los filósofos nos han marcado en innumerables ocasiones y formas el camino hacia que lo único que queremos en realidad es alcanzar la felicidad. Qué significa esto de “alcanzar la felicidad” sería algo a desarrollar en otra entrada o en otras muchas, así que de momento vamos a dejarlo en que queremos alcanzar un nivel de satisfacción con nuestra vida que nos mantenga en un estado de bienestar general dentro de nosotros. Lo que buscamos es pues un medio de llegar a esto. Cualquier objetivo que nos propongamos al final no es sino la forma de llegar a dicho estado.

Y he aquí que comienza el problema. Buscamos fuera la solución de medio, de forma, hacia nuestra felicidad fundamentalmente en el qué hacer y para ello, utilizamos una serie de recursos que, en muchas ocasiones resultan insuficientes cuando menos.

Esa felicidad buscada, puede que no llegue con un qué hacer. Puede que haya muchos qués para lo que realmente buscamos, para encontrar ese estado de satisfacción. Tratamos de cubrir necesidades y tenemos alrededor miles de cosas que hacer para cubrirlas. Tenemos la necesidad de alimentarnos, de sentirnos seguros, de sentirnos amados, de sentirnos reconocidos, de sentirnos libres, de sentirnos realizados, de sentirnos diferentes, etc. De alguna manera llegamos a la conclusión de que haciendo esto o lo otro, o esto y lo otro, es la única manera de cubrir esa necesidad. Quiero ser un intelectual académico, quiero dedicarme al tercer sector, quiero ser coach, quiero ser rico, quiero ser un importante director comercial, etc.

A medida que uno se adentra en las cosas que hace, descubre con frecuencia que cubren solo en parte aquello que estaba buscando, que el qué hace no le da la satisfacción buscada, y es que en el fondo, lo que buscamos no nos lo da el qué hacemos.

Una posibilidad de lo que nos pasa es que cuando queremos ser reconocidos como diferentes, especiales, eruditos o útiles, quizá nosotros mismos no nos reconocemos como tales. A base de dedicarnos a que otros no reconozcan como tal, acabamos por sentirnos presos de las circunstancias que nos rodean. El qué no es puro, lo acompañan muchos qués obligados, la realidad se llena de pequeñas concesiones que hacemos en contra de nuestros valores y al cabo de un tiempo, sentimos que no queremos lo que hacemos… pero si era lo “ideal”… ¿qué es lo que realmente quiero?

En otras ocasiones, simplemente vamos buscando aquello que nos hace sentir únicos, especiales, en estado de gracia, en plenitud y en estado de satisfacción excepcional, aquello que está ahí para nosotros, que nos encaja como un guante. Sabemos que algún tipo de esfuerzo nos va a requerir, exactamente el tipo de esfuerzo que estoy encantado de hacer, el que me supone un reto interesante, divertido y excitante. Buscamos el sitio en el que caer perfecto… y eso nunca llega. Acabamos pensando si existe realmente algo que nos vaya a satisfacer plenamente.

Pasar por el mero hacer lo que se espera y llegado el momento de poder elegir, no saber qué es… no recordar qué se quería, si alguna vez lo que se quiso no fue hacer lo que se esperaba de uno/a, es otra manera de llegar al mismo punto.

Sea como sea, todo tiene algo en común a parte del hecho de que no solemos considerar que el estado que buscamos puede estar al cambio de qués y no a un qué permanente, al cambio como un qué global, a la búsqueda como qué de plenitud. Una vez satisfechas las necesidades más básicas, las fisiológicas de comer, arroparse y demás, seguimos buscando fuera lo que encontraremos dentro. Podemos ayudar a las personas sin tener una profesión específica ¿o sólo nos gusta ayudar de nueve a seis 5 días por semana?, podemos ser personas cultas y reconocidas sin un título, un bestseler o un despacho con nuestro nombre escrito en letras de oro que nos lo recuerde permanentemente ¿o lo que buscamos es disfrazar nuestro sentimiento interior de inferioridad? Podemos hacer aquello que nos encanta, aquello que nos llena y aquello que cubre nuestras más hondas necesidades independientemente de un qué, porque lo que nos hace asentirnos satisfechos y libres, no es el qué, sino las actitud con la que lo hacemos, la consciencia de qué necesidades tratamos de cubrir, los valores que defendemos con nuestros qués, los principios que respetamos con cada decisión, nuestra más profunda necesidad de trascender a nosotros mismos y hacer que las cosas sean, y no buscar las que son.

En mi opinión, no hay un qué hacer sin que sea un qué hacemos nosotros de ese qué. En mi opinión, lo importante no es saber qué quieres hacer, sino por qué y para qué quieres hacerlo, porque descubrirás que cuando hagas las cosas por algo y/o para algo, siempre sabrás lo que hacer.

Hoy te dejo con una canción que nada tiene que ver con lo que he escrito… o sí, pero simplemente espero que te de ánimo para seguir tu camino, encontrando lo que sea que tengas que encuentres, andando hacia donde sea que andes…

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